lunes, 15 de noviembre de 2010

AMOR Y MONOGAMIA


Como acabamos de ver en clase, el Amor ha sido un tema de reflexión desde muy antiguo. El filósofo Manuel Cruz acaba de ganar el prestigioso premio Espasa de ensayo con su libro Amo, luego existo. Los filósofos y el amor. El amor es cosa evanescente y huidiza, y seguramente hablan de cosas distintas dos que se juntan y hablan de amor. Ortega y Gasset decía que el amor romántico, el de pareja, lo inventaron los trovadores provenzales (en sus Estudios sobre el amor). En conjunción con tal amor romántico está la institución contemporánea del matrimonio, y también sus opuestos que son tabúes (poliginia, poliandria...). Centraré la reflexión en el matrimonio (monógamo, claro). Rousseau decía que "si pudiera prolongarse la dicha del amor en el matrimonio, existiría el paraíso en la tierra" (lo dice en Emilio, o de la educación), pero quien conozca algo de su vida sentimental no se extrañara de que lo pensara.


En su provocador librito Monogamia, Adam Phillips dice por el contrario: Se ha escrito más sobre la manera como las relaciones no funcionan que sobre cómo funcionan. No tenemos virtualmente ningún lenguaje, aparte de la banalidad, para describir a la pareja que ha sido feliz largo tiempo. Nos gustaría que tuvieran un secreto, algo que darnos. O que pudiéramos darles, aparte de nuestra sospecha. No hay nada más aterrorizador que la posibilidad de que no haya nada oculto. No hay nada más escandaloso que un matrimonio feliz. Y Philips comienza su libro diciendo:


No todos creen en la monogamia, pero todos viven como si creyeran [...] En otras palabras, creen en la monogamia no es diferente de creer en Dios.

37 comentarios:

Bárbara Artetxe dijo...

No me lo puedo creer! El temazo que quedó pendiente!! Leí la reseña del libro de Manuel Cruz y quiero leerlo porque lleva el mismo título del que hace unos años publicara mi buen amigo el filósofo francés Vincent Cespedes, "J'aime, donc je suis".
Por cierto, y por qué la foto de Bruni?? Es cierto que decia en épocas que la monogamia le aburría a partir de la tercera semana.
B.

Anónimo dijo...

Me parece durísima la ultima afirmación de la entrada, la Frase de Philips de que creen en la monogamia no es diferente de creer en dios. Creer en dios o no creerlo es una cosa espiritual que el ser humano elige o no, la monogamia es algo intrínseco a la persona, puesto que la persona es digna es su ser y tiene dignidad, y por eso merece respeto, un respeto que en el matrimonio se consigue con la monogamia.

Rosario Lara

David Lc dijo...

Pues sí, es realmente interesante el tema propuesto. Por otro lado, como ya nos tiene acostumbrados el profesor Cejudo...

Digo que es interesante por cuanto no creo que el Amor exista. Y siendo así, no puedo estar más de acuerdo con A. Phillips.

Así que yo, en lugar de leer el libro de Manuel Cruz, leeré el de Phillips. Ya nos ilustrará Bárbara con su habitual elocuencia cuando lea el de M. Cruz.

Por cierto, la elección de la fotografía es perfecta, e ilustra a la perfección el tema de la entrada.

Anónimo dijo...

Ja, ja, qué bien la polémica. Ortega decía que la filosofía es la ciencia general general ('Prólogo al lector' de las Meditaciones del Quijote)

Rafael.

Bárbara dijo...

Cher Rafael, dos que se juntan no saben hasta qué punto hablan de cosas distintas cuando hablan de amor. Y ya entran en puro desbarre si esos dos que se juntan están en una relación. Estoy convencida de que es la única modalidad de conversación en la que dos que se juntan son capaces de hablarse mirándose tiernamente al tiempo que miran para otro lado al límite de la catástrofe. Algo que parece anatómicamente imposible, pero no. Y ojito con lo que decimos!
Me ha sorprendido que alguien que no cree en el amor, no obstante, lo escriba con mayúscula. David, esperaba un poco más de mala uva en un descreído, una vuelta al punk.
Por lo demás, creo que me ha dado una insolación durante la noche. O algo. No me ha quedado claro si lo espiritual es creer en Dios, o quizá, precisamente no creer. De modo que la monogamia es algo intrínseco al hombre. Una afirmación muy arriesgada. En la misma medida que afirmar que la ópera es igualmente algo intrínseco al hombre. Esto, o que acá se ha inaugurado una nueva vía para la antropología filosófica, y yo sin enterarme.
De verdad que la monogamia es algo intrínseco al ser humano? No parece que sea eso lo que nos dicen los estudios antropológicos y sociobiológicos. Como resumía un buen amigo mío: la monogamia y la fidelidad están muy extendidas, lo que pasa que hay mucha gente que no se entera. Conectar la dignidad del propio ser humano con la monogamia vía matrimonio me parece, sinceramente, un disparate. No somos monógamos, y no sólo porque la investigación y los estudios realizados en ese campo concluyan que no lo somos. Basta con una reflexión personal para llegar a la misma conclusión. El matrimonio monógamo, el contrato que garantiza la exclusividad sexual, es una elección que tomamos contra todo instinto. No entro a valorar si es una decisión acertada, si es quizá el único modo que hemos encontrado para llevar adelante una familia, si habría otras soluciones aún inexploradas (salvo experimentos que tampoco han arrojado más luz, por otro lado). Para empezar, ese tipo de exclusividad sólo la exigimos en un tipo de relación muy concreta. No parece que la necesitemos en ningún otro caso: no la exigimos a los amigos, ni la echamos de menos en nuestras relaciones familiares, y hasta somos capaces de amar a todos nuestros hijos por igual. Y sin embargo, pretendemos formar una pareja sobre el supuesto de que la relación será exclusiva, que no desearemos otras relaciones, que no desearán otras relaciones. Y por supuesto que nuestra capacidad de desear, de sentirnos atraídos por otras personas aparte de nuestras parejas, es infinita. Y por cierto, dignísima.
Lo dice Philips y lo dice bien: hacemos como que creemos en la monogamia. Por la cuenta que nos trae. No hay más que ver el temor que se tiene, y las reticencias y escaqueos que se producen en una conversación sobre este asunto. Nadie es capaz de hablar sinceramente si tiene a su pareja delante. Y de hecho, esta entrada ha pasado días enteros sin que nadie se decidiera a “mojarse”. Qué nos da tanto miedo de admitir que incluso si decidimos vivir en un matrimonio monógamo, eventualmente hay otras personas que nos resultan atractivas y con quienes quisiéramos también mantener algún tipo de relación? De dónde nos han metido tanto miedo en el cuerpo? Me temo que las diferentes iglesias y credos tienen todo que ver en esto. Más aún, se nos hace sentir culpables cuando nos descubrimos queriendo a otras personas, y la perversión llega a su total cuando se nos ha domesticado ya bajo el yugo de la aceptación como algo “natural” –intrínseco- una determinada manera de vivir nuestros afectos ligada a la dignidad del ser humano, y como única vía para tal dignidad.
Damos miedo.

Bárbara dijo...

Cher Rafael, dos que se juntan no saben hasta qué punto hablan de cosas distintas cuando hablan de amor. Y ya entran en puro desbarre si esos dos que se juntan están en una relación. Estoy convencida de que es la única modalidad de conversación en la que dos que se juntan son capaces de hablarse mirándose tiernamente al tiempo que miran para otro lado al límite de la catástrofe. Algo que parece anatómicamente imposible, pero no. Y ojito con lo que decimos!
Me ha sorprendido que alguien que no cree en el amor, no obstante, lo escriba con mayúscula. David, esperaba un poco más de mala uva en un descreído, una vuelta al punk.
Por lo demás, creo que me ha dado una insolación durante la noche. O algo. No me ha quedado claro si lo espiritual es creer en Dios, o quizá, precisamente no creer. De modo que la monogamia es algo intrínseco al hombre. Una afirmación muy arriesgada. En la misma medida que afirmar que la ópera es igualmente algo intrínseco al hombre. Esto, o que acá se ha inaugurado una nueva vía para la antropología filosófica, y yo sin enterarme.
De verdad que la monogamia es algo intrínseco al ser humano? No parece que sea eso lo que nos dicen los estudios antropológicos y sociobiológicos. Como resumía un buen amigo mío: la monogamia y la fidelidad están muy extendidas, lo que pasa que hay mucha gente que no se entera. Conectar la dignidad del propio ser humano con la monogamia vía matrimonio me parece, sinceramente, un disparate. No somos monógamos, y no sólo porque la investigación y los estudios realizados en ese campo concluyan que no lo somos. Basta con una reflexión personal para llegar a la misma conclusión. El matrimonio monógamo, el contrato que garantiza la exclusividad sexual, es una elección que tomamos contra todo instinto. No entro a valorar si es una decisión acertada, si es quizá el único modo que hemos encontrado para llevar adelante una familia, si habría otras soluciones aún inexploradas (salvo experimentos que tampoco han arrojado más luz, por otro lado). Para empezar, ese tipo de exclusividad sólo la exigimos en un tipo de relación muy concreta. No parece que la necesitemos en ningún otro caso: no la exigimos a los amigos, ni la echamos de menos en nuestras relaciones familiares, y hasta somos capaces de amar a todos nuestros hijos por igual. Y sin embargo, pretendemos formar una pareja sobre el supuesto de que la relación será exclusiva, que no desearemos otras relaciones, que no desearán otras relaciones. Y por supuesto que nuestra capacidad de desear, de sentirnos atraídos por otras personas aparte de nuestras parejas, es infinita. Y por cierto, dignísima.
Lo dice Philips y lo dice bien: hacemos como que creemos en la monogamia. Por la cuenta que nos trae. No hay más que ver el temor que se tiene, y las reticencias y escaqueos que se producen en una conversación sobre este asunto. Nadie es capaz de hablar sinceramente si tiene a su pareja delante. Y de hecho, esta entrada ha pasado días enteros sin que nadie se decidiera a “mojarse”. Qué nos da tanto miedo de admitir que incluso si decidimos vivir en un matrimonio monógamo, eventualmente hay otras personas que nos resultan atractivas y con quienes quisiéramos también mantener algún tipo de relación? De dónde nos han metido tanto miedo en el cuerpo? Me temo que las diferentes iglesias y credos tienen todo que ver en esto. Más aún, se nos hace sentir culpables cuando nos descubrimos queriendo a otras personas, y la perversión llega a su total cuando se nos ha domesticado ya bajo el yugo de la aceptación como algo “natural” –intrínseco- una determinada manera de vivir nuestros afectos ligada a la dignidad del ser humano, y como única vía para tal dignidad.
Damos miedo.

IVÁN dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con la frase que introduce el libro de Phillips...y por supuesto no creo que el amor sólo exista en el coto de la monogamia.
La sociedad contemporánea ha unido estas dos palabras por algún motivo que no acierto a entender, ya hace Bárbara una explicación muy coherente de ello, es obvio que el ser humano no es monógamo (aunque supongo que hay excepciones muy dignas),si fuese así la prostitución no sería el oficio más antiguo del mundo, porque supongo que coincidiremos que una persona que ama exclusivamente a otra(dentro o fuera del matrimonio) no debe mantener relaciones con una tercera,¿no?.
Bueno, como ya dije en clase creo que el amor existe, pero el amor hacia una única persona es un asunto a discutir, aunque con esto no quiero decir que esté de acuerdo con una frase tan rotunda como la de Rousseau.

Un saludo,

P.D: Espero seguir teniendo pareja monógama cuando lea esto.

Ana María dijo...

El amor, el amor... es un tema tan complejo. Desde mi punto de vista cada persona entiende de manera diferente que es el amor, de ahí que yo esté de acuerdo con la frase de que dos que se juntan y hablan de amor, seguramente estén hablando de cosas distintas. Yo tengo claro que el amor existe, el amor a tus familiares, amigos... pero creo que muy diferente a este es el amor de pareja y de ahí tan diversas opiniones a su respecto. Si que creo en el amor monógamo de una pareja, pero en nuestra sociedad veo que este es por un tiempo determinado, porque al final muchas parejas por muy enamoradas que estén al principio, acaban "amando" a otras personas fuera de su relación, de ahí las separaciones y divorcios en su mayoría. Ya es muy difícil encontrar parejas o matrimonios monógamos durante toda su vida y que de verdad se amen. También creo que la monogamia está íntimamente ligada con el amor verdadero hacia tu pareja porque (teóricamente) si de verdad estás enamorado no deseas a otras persona que no sean tu pareja, y si deseas a otros es porque no amas verdaderamente a esa persona. Aunque a colación de esto me viene otra pregunta a la mente... ¿qué es el amor verdadero? aquí la dejo haber si alguien da en clavo con la respuesta.

P.D.:El amor me parece algo tan complicado e íntimo de cada persona, que me es muy difícil hacerme una opinión verdaderamente válida sobre él. Opino una cosa y al momento me asaltan dudas y opino otra. Aunque en este momento me declaro enamorada y monógama y espero que por mucho tiempo.

Ana Mª Morales

Yolanda dijo...

Me pregunto, teniendo en cuenta todas las respuestas que leí en el foro, por qué decimos que no creemos en general en esta unión entre monogamia y amor,y luego nos apresuramos a subrayar que somos felices en este estado y que, por el momenmto no queremos cambiar a ningún otro como expresan Ana o Iván. Incluso el tan cher rafael como dice Bárbara ha afirmado "pero...yo estoy felizmente casado" en alguna ocasión. Esto sólo puede deberse a dos cosas: o tenemos miedo de que por decir eso nuestra pareja dude de nosotros o, por el contrario, es que realmente somos muy muy felices en ese estado y si la monogamia nos aporta felicidad, ¿por qué vamos a luchar contra ella? Es decir, simplifico, me importa un rábano por qué me hace feliz, lo importante es que me hace feliz.
Por otro lado, voy a complicarme la vida, voy a preguntarme ¿por qué sólo deseo que mi pareja esté conmigo y no compartirla? ¿Por qué creo que si me comparto estoy haciéndole un feo a mi pareja? Es cuestión de egoísmo, al fin y al cabo algo tan innato al ser humano, e incluso más, que la poligamia. Si un niño posee un juguete nunca saldrá de él compartirlo, (eso es algo que le inculcamos los adultos), si yo tengo "un juguete" también deseo que "sólo sea para mí", y que, sea yo la persona que el juguete desea para ella. Nadie niega que no puedan las personas sentirse atraídas por otras, ahora bien, dado que el amor no sólo es sexo, y que podemos herir el Amor, ahora sí con mayúsculas, que alguien nos prefesa por un rato de sexo (que nos hiere como explicamos antes por tener que compartir el juguete), preferimos seguir con nuestra monogamia porque en el tandem completo nos supone una felicidad más amplia, más duradera. ¿Es algo complicado tener que elegir, es una imposición cultural tener que elegir? Y yo respondo a cualquiera que comparta su vida con alguien ¿es fácil compaginar tu vida con la de sólamente una persona? ¿os imagináis todo el día compaginándola con cuatro o cinco, sería posible llevar a cabo proyectos futuros junto a alguien? ¿Por qué a Bruni ya no le aburre la monogamia? ¿Por qué los orangutanes y otras especies de monos son monógamos?

Yolanda dijo...

Es decir, y termino, que inicialmente pienso que el ser humano por naturaleza, no es monógamo, pero no sé si me atrevería a afirmar que somos polígamos. Somos demasiados complejos...no sólo somos naturaleza, somos razón. Y la razón no tiene por qué ir en contra de nuestros instintos, y si en ocasiones lo hace ¿qué tiene de malo hacerle caso? ¿somos menos genuinos por hacer caso a lo que nos dicta nuestra razón a pesar de que no sea lo que sugieren las modas?

Yolanda dijo...

Y termino ahora sí de verdad, es el Amor un pacto egoísta entre dos personas que se mantiene mientras dicho pacto hace feliz a ambas?

Bárbara dijo...

Muy esclarecedor el apunte de Yolanda: cuando amamos y somos correspondidos, la persona amada pasa a ser de nuestra propiedad, y la poseemos como un niño posee sus juguetes. Nada menos!! No hay más qué decir respecto de los efectos que provoca la monogamia :)
Y esto por no entrar en el hecho de que no compartir los juguetes es parte de una fase evolutiva de maduración del niño. Incluso en esa fase de no compartir su juguete favorito, lo que sí hará en todo caso es compartir el juego. En fin, tampoco quiero desviarme mucho.
Por otro lado, el mismo Philips deja claro (y es claro para todos) que decidimos vivir en relaciones monógamas por multitud de razones, y algunas de ellas de mucho peso. La cuestión es si la monogamia es una inclinación natural o si es una decisión que tomamos contra todo instinto. Sobre todo, cuando pretendemos extender la relación monógama a un largo plazo. Por otro lado, es perfectamente posible disfrutar de un matrimonio feliz y al tiempo saber que la monogamia exige un cierto artificio, una cierta imposición o coerción de los instintos y de la líbido. Creo que no hay sino que reflexionar sobre la propia experiencia y los propios deseos, no hay sino que mirar alrededor, para saber que el compromiso monógamo no apaga ni anula nuestra capacidad para sentir atracción por otras personas, y eventualmente, para vivir otras relaciones en otros contextos. Y no se trataría de vivir simultáneamente 4 o 5 proyectos de vida junto a otras tantas personas. Eso sería un puro desvarío. Por qué hemos de plantearnos siempre las relaciones en términos de “proyectos de vida”? Hay infinidad de maneras de relacionarnos afectiva y sexualmente con otros. Las llevemos a cabo o no, eso es secundario.
Es posible (conozco el caso) vivir una relación duradera con alguien sin el marco exclusivo de la monogamia. Es decir, no se trata de sacrificar unas relaciones por otras, no se trata de “estoy contigo o sin ti”. Y no me estoy refiriendo a la modalidad de “pareja abierta” que resulta francamente desastrosa, sino de establecer relaciones en un marco de referencia que no pase necesariamente por el establecimiento de una pareja. De hecho, hay otras culturas (todas ellas no Occidentales) que establecen sus relaciones sin una mínima noción de que pueda existir en algún otro lugar del planeta una institución social denominada monogamia. Porque de hecho, eso es exactamente la monogamia: una institución, y como tal una construcción social y cultural. Como anoté antes, que tal institución cumpla con una finalidad que se quiere necesaria no debe ser causa para hurtarnos el debate acerca de su fundamento, de su bondad o idoneidad, de sus inconvenientes o de los encorsetamientos indeseables que provoca. Y puesto que no hay un único cauce para disfrutar de nuestros amores y pasiones, ya cada cuál que se coma las perdices como quiera :)

PS- Iván, desde acá te deseamos lo mejor!

Bárbara dijo...

Muy esclarecedor el apunte de Yolanda: cuando amamos y somos correspondidos, la persona amada pasa a ser de nuestra propiedad, y la poseemos como un niño posee sus juguetes. Nada menos!! No hay más qué decir respecto de los efectos que provoca la monogamia :)
Y esto por no entrar en el hecho de que no compartir los juguetes es parte de una fase evolutiva de maduración del niño. Incluso en esa fase de no compartir su juguete favorito, lo que sí hará en todo caso es compartir el juego. En fin, tampoco quiero desviarme mucho.
Por otro lado, el mismo Philips deja claro (y es claro para todos) que decidimos vivir en relaciones monógamas por multitud de razones, y algunas de ellas de mucho peso. La cuestión es si la monogamia es una inclinación natural o si es una decisión que tomamos contra todo instinto. Sobre todo, cuando pretendemos extender la relación monógama a un largo plazo. Por otro lado, es perfectamente posible disfrutar de un matrimonio feliz y al tiempo saber que la monogamia exige un cierto artificio, una cierta imposición o coerción de los instintos y de la líbido. Creo que no hay sino que reflexionar sobre la propia experiencia y los propios deseos, no hay sino que mirar alrededor, para saber que el compromiso monógamo no apaga ni anula nuestra capacidad para sentir atracción por otras personas, y eventualmente, para vivir otras relaciones en otros contextos. Y no se trataría de vivir simultáneamente 4 o 5 proyectos de vida junto a otras tantas personas. Eso sería un puro desvarío. Por qué hemos de plantearnos siempre las relaciones en términos de “proyectos de vida”? Hay infinidad de maneras de relacionarnos afectiva y sexualmente con otros. Las llevemos a cabo o no, eso es secundario.
Es posible (conozco el caso) vivir una relación duradera con alguien sin el marco exclusivo de la monogamia. Es decir, no se trata de sacrificar unas relaciones por otras, no se trata de “estoy contigo o sin ti”. Y no me estoy refiriendo a la modalidad de “pareja abierta” que resulta francamente desastrosa, sino de establecer relaciones en un marco de referencia que no pase necesariamente por el establecimiento de una pareja. De hecho, hay otras culturas (todas ellas no Occidentales) que establecen sus relaciones sin una mínima noción de que pueda existir en algún otro lugar del planeta una institución social denominada monogamia. Porque de hecho, eso es exactamente la monogamia: una institución, y como tal una construcción social y cultural. Como anoté antes, que tal institución cumpla con una finalidad que se quiere necesaria no debe ser causa para hurtarnos el debate acerca de su fundamento, de su bondad o idoneidad, de sus inconvenientes o de los encorsetamientos indeseables que provoca. Y puesto que no hay un único cauce para disfrutar de nuestros amores y pasiones, ya cada cuál que se coma las perdices como quiera :)

PS- Iván, desde acá te deseamos lo mejor!

B. dijo...

Perdón, algo le pasa mi compu o a la conexión que me publica los comentarios doblados...sorry, porque si al menos fueran breves!!
En persona no soy tan ploma, palabrita :))
(ahora que es breve seguro que no lo dobla, la vida es un tallarín)

B dijo...

LA VIDA ES UN TALLARÍN!

Anónimo dijo...

Por favor, aunque fuéramos monógamos sigamos discutiendo la monogamia. Quiero decir que me está encantando el debate. He sonreído al ser aludido por Yolanda (verdaderamente, Eros es padre de Hermes, jugando a ser enigmático). Por alusiones sólo:"Incluso el tan cher rafael como dice Bárbara ha afirmado "pero...yo estoy felizmente casado" en alguna ocasión. Esto sólo puede deberse a dos cosas: o tenemos miedo de que por decir eso nuestra pareja dude de nosotros o, por el contrario, es que realmente somos muy muy felices en ese estado y si la monogamia nos aporta felicidad, ¿por qué vamos a luchar contra ella?". Bueno, ¡puede deberse a las dos cosas a la vez! Y no sé si trata de 'luchar'. Se me ocurre: ¿será también que cuando dos (o más) se ponen a hablar de monogamia cada uno habla de un cosa distinta?

Rafael.

P.D.: ¿David, dónde estás?

Anónimo dijo...

La verdad es que este debate está dando mucho juego...Hace poco leía un artículo que decía algo así como que "nadie está con su pareja ideal". De modo que se abre una vía a la que hacía referencia Rafael: si aquello que tenemos aunque creamos en la poligamia, aunque sepamos que no es nuestro ideal (la famosa media naranja que casi nadie encuentra porque antes se ha conformado con un pomelo) nos hace felices, ¿por qué renunciar a la monogamia aunque nos reconozcamos polígamos? Al fin y al cabo el hombre aspira a ser feliz y cuando encuentra la estabilidad aspira a no complicarse más la vida...Si tuviera que responder a la última pregunta de Yolanda lo haría con un sí rotundo. Al fin y al cabo en una relación hay mucho de conformarse, de ceder...la estabilidad de no deja de ser un pacto egoísta en el que renunciamos a parte de lo que somos para conseguir lo que queremos (eso es retorcidamente egoísta). Al hombre nunca le ha importado renunciar a sus principios para ser feliz.
En definitiva, Adam Phillips dice una gran verdad. La dificultad reside en que cada ser humano tiene un concepto del amor y, en mi opinión, no hay nada más subjetivo que esa respuesta.

Anónimo dijo...

Se me olvidó firmar...

JUANMA

Bárbara dijo...

Puesto que nos enamoramos muy verdaderamente y renunciamos a nuestros principios para ser tan felices, me parece que hemos reducido la monogamia a una pura cuestión de gestión afectiva. La monogamia es exasperante por muchas otras razones. Para empezar, supone una relación de dominio mutuo en la pareja y un alto grado de dependencia personal y económica. Incluso si ambos en una pareja trabajan. Incluso si podemos afirmar que ambos son autónomos económicamente (un empleo no siempre asegura esta autonomía) Quizá deberíamos darle una vuelta a las implicaciones sociales, políticas y económicas que trae aparejadas la relación de pareja monógama. Me parece que el gran velo del Amor Verdadero no nos deja ver alguno de los fundamentos y de las bases sobre las que se cimenta la monogamia. Por poner un ejemplo, en este Estado del Bienhipotecar, es indispensable que la población se vincule en relaciones monógamas. El nivel requerido de consumo exige asimismo proyectos de vida a dos y en exclusividad. Cuantas veces se quiera uno emparejar, pero atentos: siempre en pareja. Hasta los homosexuales han caído en la trampa de su Amor Verdadero. Más allá de que, obvio, tienen el mismo derecho al matrimonio. Dejando a un lado el tópico grosero de la alta promiscuidad de los homosexuales (falso) para mí significaban una puerta abierta a otro modo de vivir los afectos, los amores y las pasiones.
Y qué decir de cuánto más manejables son l@s trabajador@s si están casad@s o debidamente emparejad@s. Sus protestas y demandas son más fácilmente acallables bajo el yugo de la responsabilidad familiar y de las consecuencias que para el sostén de la familiar puede tener, por ejemplo, el legítimo derecho a la huelga. En fin, algunos pocos ejemplos.
Pero volviendo un poco al hilo que planteaba Juanma en su último comentario quisiera decir que no renunciamos a nada, y menos a ningún principio para asegurarnos la felicidad. Entre otras cosas porque está por ver que no fuéramos más felices en relaciones de otro tipo. Pero sobre todo, no hay más asomarse a un juzgado de familia para darse cuenta de hasta qué punto la frustración y el rencor acumulado por años estallan justo en el momento en el que más civilizados deberíamos ser, justo en el momento de agradecer tanta felicidad vivida aunque ahora finalice. Quejas y reproches sobre los mejores años de mi vida perdidos contigo, yo que me sacrifiqué por ti, que renuncie a tal o cual trabajo, ascenso, viaje, vacación, amistades por ti, que pude haber vivido, viajado, conocido, decidido… ay, mi amorcito, te llegó el momento de pagármelas todas juntas, no quedaré yo sin resarcir de tanto principio cedido. Ni felicidad ni mandangas: con los niños al frente para dar donde más duele. Que te hundo en serio.
Una historia más de la infamia.

Bárbara dijo...

Puesto que nos enamoramos muy verdaderamente y renunciamos a nuestros principios para ser tan felices, me parece que hemos reducido la monogamia a una pura cuestión de gestión afectiva. La monogamia es exasperante por muchas otras razones. Para empezar, supone una relación de dominio mutuo en la pareja y un alto grado de dependencia personal y económica. Incluso si ambos en una pareja trabajan. Incluso si podemos afirmar que ambos son autónomos económicamente (un empleo no siempre asegura esta autonomía) Quizá deberíamos darle una vuelta a las implicaciones sociales, políticas y económicas que trae aparejadas la relación de pareja monógama. Me parece que el gran velo del Amor Verdadero no nos deja ver alguno de los fundamentos y de las bases sobre las que se cimenta la monogamia. Por poner un ejemplo, en este Estado del Bienhipotecar, es indispensable que la población se vincule en relaciones monógamas. El nivel requerido de consumo exige asimismo proyectos de vida a dos y en exclusividad. Cuantas veces se quiera uno emparejar, pero atentos: siempre en pareja. Hasta los homosexuales han caído en la trampa de su Amor Verdadero. Más allá de que, obvio, tienen el mismo derecho al matrimonio. Dejando a un lado el tópico grosero de la alta promiscuidad de los homosexuales (falso) para mí significaban una puerta abierta a otro modo de vivir los afectos, los amores y las pasiones.
Y qué decir de cuánto más manejables son l@s trabajador@s si están casad@s o debidamente emparejad@s. Sus protestas y demandas son más fácilmente acallables bajo el yugo de la responsabilidad familiar y de las consecuencias que para el sostén de la familiar puede tener, por ejemplo, el legítimo derecho a la huelga. En fin, algunos pocos ejemplos.
Pero volviendo un poco al hilo que planteaba Juanma en su último comentario quisiera decir que no renunciamos a nada, y menos a ningún principio para asegurarnos la felicidad. Entre otras cosas porque está por ver que no fuéramos más felices en relaciones de otro tipo. Pero sobre todo, no hay más asomarse a un juzgado de familia para darse cuenta de hasta qué punto la frustración y el rencor acumulado por años estallan justo en el momento en el que más civilizados deberíamos ser, justo en el momento de agradecer tanta felicidad vivida aunque ahora finalice. Quejas y reproches sobre los mejores años de mi vida perdidos contigo, yo que me sacrifiqué por ti, que renuncie a tal o cual trabajo, ascenso, viaje, vacación, amistades por ti, que pude haber vivido, viajado, conocido, decidido… ay, mi amorcito, te llegó el momento de pagármelas todas juntas, no quedaré yo sin resarcir de tanto principio cedido. Ni felicidad ni mandangas: con los niños al frente para dar donde más duele. Que te hundo en serio.
Una historia más de la infamia.

Rosa Colmenarejo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosa Colmenarejo dijo...
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Rosa Colmenarejo dijo...

Bueno, todo amor es eterno hasta que se acaba. Así mientras dura (y dura) somos capaces de vender nuestra alma al más reaccionario y burgués, o capitalista, de los inventos: la institución matrimonial o, más actual, la firma de una hipoteca. Una institución que, al menos, nos facilita un contrato en el que se especifican deberes y derechos de los contrayentes, especialmente relevantes cuando todo empieza a ir cuesta abajo, hacia el final (de la eternidad).

He leído las doscientas treinta páginas del libro de Manuel Cruz y he de confesar que hasta la página noventa y tres (capítulo Nietszche/ Lou Andreas Salome) no comenzó a interesarme un poquito; especialmente porque hasta ese punto no había tenido en cuenta el punto de vista de “ellas”, fundamental para comprender si es que hablamos de “dos que se aman”. (Los capítulos dedicados a Abelardo y Eloísa o a Spinoza son soporíferos, de hecho ha sido mi libro de almohada desde que apareció la entrada y fijaos en qué fechas se me ha puesto la broma, un mes leyendo cada noche a Manuel Cruz, imperdonable)

Por cierto, que el capítulo de Spinoza comienza con una reflexión de la filósofa Agnes Heller en torno a cuál es la diferencia fundamental entre un escritor y un filósofo, así mantiene que mientras los primeros pueden utilizar sus propias pericias vitales como materia prima, estímulo e incentivo para sus creaciones, lo propio de los filósofos es precisamente que una vida anodina y sin relieve constituya la condición de posibilidad más adecuada para un trabajo teórico de interés. Esto explicaría quizá esa afirmación de Carla Bruni a la que aludía Bárbara en su primer post dado que su anterior compañero, el “Rafael” de su primer disco (Carla Bruni – Raphael), era filósofo. Un filósofo, se ponga como se ponga, es necesariamente más aburrido que todo un Presidente de la república francesa, despechado por su esposa para más señas y deseoso de hacer comprender al mundo sus capacidades como seductor. En cualquier caso, Manuel Cruz es filósofo y por tanto se ocupa de desmentir tan “grave” afirmación de Heller: desde el código moral transitorio de Sartre a la promiscuidad de Foucault pasando por el egoísmo de Heidegger. Todos, todos, salen mal parados. En esto del amor, claro.

Rosa Colmenarejo dijo...

En paralelo, aunque de lectura mucho más amable, retomé “Claves feministas para la negociación en el amor” (un recurso disponible en la red: http://cdd.emakumeak.org/ficheros/0000/0538/claves-feministas.pdf) de la antropóloga mexicana Marcela Lagarde. Un recorrido similar al realizado por Manuel Cruz pero dónde las protagonistas son “ellas”, y ellos los que “aparecen”. De sus reflexiones me quedo con estas:
- Para amar, en igualdad de condiciones, hay que ser ciudadanas de pleno derecho (y esto es un caminito)
- Amamos solas, del mismo modo que pensamos solas. Que el amor nos ponga en contacto con lo inaprensible no significa que no sigamos siendo solas, solas ante nuestro amor. Saber “ser” solas es una garantía de nuestra autonomía.
- Que el amor es amistad, especialmente, rotundamente. Tal y como lo expresó Mary Wollstonecraft en su “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792): El amor debe ser, por su naturaleza misma, transitorio. Buscar un secreto que lo convierta en constante sería una búsqueda tan insensata como la de la piedra filosofal o la de la gran panacea. El vínculo más sagrado de la sociedad es la amistad.

Creo que es posible renovar esa idea de amor verdadero al que aquí se ha aludido, en realidad amor “desigual” y tantas veces “injusto”, con muchos de los atributos que se le asignan a la amistad. Preservando, claro está, esos elementos fascinantes que configuran la experiencia del amor, entre ellas la conmoción por otra persona, que nos llevan, felizmente, a dar el sí quiero monogámico trascendental. Hasta que se acabe.

Anónimo dijo...

El ser humano, como animal, es polígamo de por sí. En las especies animales la función de reproducción va ligada a la supervivencia y al fin de la procreación por el bien de la especie. Las gallinas se aparean con el gallo más hermoso del corral y el león goza de un surtido de leonas para procrear y extender su manada. La monogamia no es natural, y como animales que somos, eso es un hándicap.

Está claro que el proceso de selección natural ha seguido avanzando y el ser humano se ha escindido de ese sector de animales como tal y nos distinguimos por el uso de la razón. También entra por medio, el sentimiento y el amor del ser humano hacia los demás, en concreto el amor de pareja (personalmente pienso que es el amor más egoísta que existe), esto hace que unos factores como la fidelidad y el compromiso entren en juego. Ahí es donde el debate se hace más complicado, ¿dejarnos llevar por el instinto polígamo y nuestra propia naturaleza?

Soy monógamo y feliz, que conste en acta.

Yo creo que el amor tiene un sentido más trascendental y único, al menos para mí. Una de las características más bonitas del amor es que cada uno lo vive como quiere, y que no sólo tiene que ser actitud de sí mismo sino de un proyecto común con otra persona. El amor es un sentimiento mucho más grande que la propia naturaleza humana.

Anónimo dijo...

JCARLOS CARAZO, se me olvidó firmar

Bárbara dijo...

Al igual que mi hermano del alma, Martín Romaña, vivo casi continuamente experiencias muy exageradas. Ahí va una muestra: he conocido a varios filósofos y algunos de ellos chispeantes. Uno o dos, incluso electrizantes. De entre los franceses, alguno suma además una provocadora veta sexy. Raphäel Enthoven, sin lugar a dudas. Según sus propias palabras, a Bruni le aburre la monogamia desde la adolescencia, y si damos créditos a los rumores acerca de los devaneos de la pareja Bruni-Sarkozy que de cuando en cuando animan la prensa francesa...lo que llevó a Matías Vallés a escribir que "si un hombre puede cansarse de Carla Bruni, el universo, definitivamente, no tiene remedio, claro que ella se cansa de ellos antes".
Chascarrillos aparte, seguimos pasando de puntillas sobre la cuestión que plantea Philips sobre cómo vivimos la monogamia. Hay otras maneras de relacionarse y sigo sin conceder que amar a alguien nos deba llevar necesariamente a asumirnos en la figura jurídica del contrayente para cuando llegue la hora de partir peras.
Es "sí quiero" monogámico trascendental (¡!!)apenas logra disimular la naturaleza resignada de un contrato que blindamos en una lista de derechos y deberes. Lista que nos será, a no dudarlo, muy útil y conveniente. ¿Después de todo el amor y la larga tradición de amistad conyugal no prohíjan la generosidad y la dignidad en la despedida? Vaya, vaya, qué nos encontamos. Quizá si viviéramos nuestras relaciones sentimentales en un marco no monogámico no necesitaríamos ponernos trascendentales. En fin, ya lo he explicado en comentarios previos.
De todos modos, no puedo dejar pasar la afirmación de que el amor es amistad, especialmente, rotundamente. Rotundamente, no.
El amor no hace amigos, no amamos para hacer amigos, y no es la amistad lo que nos hace gravitar alrededor de nadie. Ni siquiera la previsión de una futura amistad que nos salvará cuando todo lo demás se haya quedado por el camino y que nos mantendrá unidos. Nada produce más escándalo al amante.Sigo en esto a Freud: la libido no hace amigos.

Bárbara dijo...

Por último, quisiera decir que la llamada urgente, perentoria y primera a las consideraciones de género, sea cual sea el debate o el plazo analítico en el que nos movamos me parece, en demasiadas ocasiones, otra manera de desviar el foco de los debates. Para el caso actual, cuáles sean las diferencias entre hombres y mujeres al momento de amar, de desear, de criar a nuestra prole, de comprometernos, de separarnos, etc., es algo que debe ser analizado por separado de la cuestión de la monogamia y de por qué son tabúes sus opuestos (la poliginia, la poliandria, ...). Porque de hecho, hombres y mujeres por igual, y voluntariamente, consienten en establecer un vínculo monógamos con sus parejas. Afirman que se trata de una realidad que se presenta como inexorable cuando amamos es es perturbadora la defensa de otras vías. Ni la reivindicación del celibato (y no me estoy refiriendo, o no exclusivamente, al exigido por profesión religiosa)provoca tanta inquietud, desazón y polémica.

Rosa Colmenarejo dijo...

Querida Bárbara, las consideraciones de "género" a las que aludes han de ser inevitablemente transversales. Comprendo tu inquietud pero no son "asuntos de mujeres" que debamos confinar a un debate específico. Atenderé tus cariñosas consideraciones pero no esta. ¿Porque de hecho, hombres y mujeres por igual, y voluntariamente, consienten en establecer un vínculo monógamos con sus parejas? ¿En serio lo crees? ¿En igualdad de condiciones? He creído leer en algún otro comentario tuyo a esta misma entrada algo que argumenta precisamente lo contrario.

Bárbara dijo...

No cuestioné en mi anterior comentario la pertinencia de la transversalidad de las cuestiones de género. Pero sí que esa necesaria transversalidad no sea aplicable indiscriminadamente a todo debate o a todo plazo analítico. Consideré que tu alusión a cuestiones de género abrían otro debate, que bien puede surgir al hilo de éste, pero, insisto, es otro debate. Por lo demás, las cuestiones de género no me crean inquietud ni me parecen “cosas de mujeres”. Me parece que vas mucho más allá de mis palabras.
Hombres y mujeres por igual, y voluntariamente, consienten en establecer un vínculo monógamo con sus parejas. Plantear otros modelos posibles causa inquietud, desazón, polémica y sucesivas llamadas al amor verdadero. Y lo que yo planteo es que hay otros modos, que no necesariamente el proyecto de vida que elaboremos tiene por qué venir cosido de una pareja y de un predeterminado modo de armar una pareja.
Al hilo de este debate puede surgir, en un siguiente paso, el debate (que ya es otro debate) acerca de en qué condiciones hombres y mujeres asumimos (o hemos asumido históricamente) y pactamos las relaciones de pareja. Efectivamente, no en igualdad de condiciones. Lo que tiene consecuencias en todos los ámbitos de lo personal, social, político y económico y que requerirá, para una adecuada reflexión y acción, ahora sí, la aplicación transversal de las consideraciones de género.
Lo que te ha parecido leer en uno de mis comentarios y que has entendido como un argumento contrario a esta igualdad y voluntariedad, en realidad no lo es. Lo que yo dije es que la monogamia tiene la exclusividad sexual como uno de sus principios inamovibles y que tal cosa comporta que se establezca una relación de dominio mutuo. Dominio y control mutuos que trasciende la alcoba y todo lo tiñe. En condiciones bien desfavorecedoras para las mujeres, nunca lo he cuestionado. Comparto ampliamente la tesis de Carole Pateman sobre que el contrato social de nuestros clásicos exigió el previo contrato sexual con el que las mujeres pasábamos a vivir sometidas para que el varón pudiera tranquilamente desarrollar sus actividades en el espacio público (Carole Pateman, “El contrato sexual”)
Pero que damos voluntariamente el sí a las relaciones de pareja monógama, sin duda: ante un sacerdote, un juez, en la barra de un bar o paseando descalzos por el parque. Hombres y mujeres.

David dijo...

"El conflicto que el amor revela el el conflicto de la libertad". Así termina el artículo sobre el Amor en el diccionario de Ferrater Mora. Por tanto "Amor = pérdida de Libertad". Y yo, como egoísta confeso, me niego a perder ni la más mínima parcela de mi libertad. ¿Que se puede encontrar el equilibrio?. ¿Qué equilibrio, mi concepto de equilibrio o el de la otra persona?. Y soy consciente de que se alcanza ese equilibrio, la cuestión es que el tiempo que esto dura es muy limitado. Y esa es la base sobre la que se apoya la monogamia o más bien, la necesidad de evitarla.
Seguro que todos conocemos parejas que están felizmente casadas, y que mantienen otras relaciones, y éstas son consentidas por el otro. ¿La razón? El matrimonio es, por encima de todo, una cuestión social. Una gran cantidad de matrimonios se forman porque les interesa socialmente, y los beneficios que obtienen de ello son superiores a los inconvenientes que pudieran sufrir, entre ellos la pérdida de libertad, o la imposibilidad de tener otras relaciones. Y aquí está la cuestión, se llega a un pacto y ya está.
Y termino con una de las citas de A. Phillips: "La mayoría nunca se habría dedicado a la monogamia si no hubiera oído hablar de ella".

victor garcia dijo...

Desde mi punto de vista, este tema es bastante difícil de abordar y tratar, ya que es un tema muy complejo en varios aspectos. Tenemos que tener en cuenta que el amor y la monogamia son muy distintos en distintas culturas y periodos a lo largo de la historia. Pero en mi opinión, no estoy de acuerdo con la frase de Philips de que la monogamia no es diferente de creer en dios. Hay varios tipos de amor, aquel amor que va unido a la monogamia y aquel otro amor que esta establecido en la poligamia. Ambos son diferentes y deben ser respectados a pesar de las críticas religiosas de algunos sectores de la iglesia. Tengo que decir que afortunadamente hoy en día vivimos en una sociedad con cierto racionalismo y modernidad. A pesar de que todo el mundo cree en el amor verdadero, ese amor que dura para toda la vida, ese amor que solo se ampara en un único matrimonio, yo no creo en esto, simplemente por una razón natural, y es que en el fondo somos seres animales dotados de la pura promiscuidad aunque algunos no estén de acuerdo en este aspecto. Volviendo al comentario de Philips sobre el amor y dios, quizás podría basarme en su pensamiento para decir que puede ser que haya algo de común entre los seres humanos y dios, y es el poder de la creación, el de la procreación de nuestros propios hijos.

Anónimo dijo...

Posiblemente la monogamia sea solo un simple asunto económico. ¿Se imaginan pagando los gastos de dos casas o tres o cuatro y que cada persona con quien te relacionas comparta su vida con otras personas?
¿Sería posible llevar una relación de esa nivel y conseguir ver a cualquiera de las demás personas que al mismo tiempo están relacionadas con otras?
Complicado ¿No?
El amor verdadero puede que sea un mito como "el dorado" y que los que lo persiguen mueran sin encontrarlo jamás...
A. Corpas

Juan Caballero Castro dijo...

Hay muchos tipos de matrimonios, unos los que reconocemos en nuestra sociedad como "normales" y otros menos normales como son la "poliginia" (Un hombre es compartido por varias mujeres) o la "poliandría" (Una mujer es compartida por varios hombres).

Todas estas relaciones son sociales, y por tanto, son creadas por la propia sociedad a la que se pertenezca.

El que el hombre sea polígamo por naturaleza y no monogamo lo veo factible puesto que a todos los hombres (incluso los casados) nos gustan o mejor dicho, nos fijamos en otras mujeres a la cuales quizás se les piropea cortésmente.

Ello no indica que por eso no querramos o no amemos a la persona con la que compartimos nuestra vida.

Simplemente, creo que el hombre (en la sociedad actual), es monogamo por UNA NORMA SOCIAL.

No hay que olvidar que muchos hombres (por ejemplo en Marruecos) son polígamos, pero no sólo para mantener relaciones sexuales con las esposas, sino para llevar adelante otra familia, es decir, debe de mantenerlas y darles todo lo que necesiten...

En cuanto al amor, debo de decir que cuando amamos SIEMPRE nos fijamos en lo bello, sí, pero no del todo esa belleza física (que termina perdiendose) sino esa belleza interior, la riqueza que posea una persona en su interior tanto intelectualmente, como en forma de ser, etc...

No hay que olvidar por tanto que existen muchas clases de amor y que el amor (o sino que lo digan los matrimonios que llevan muchos años casados) se va transformando con el paso del tiempo.

El amor es algo creado socialmente, puesto que en otras culturas existen otras construcciones sociales diferentes que son sustitutas de este amor.

JUAN CABALLERO CASTRO.

Juan Caballero Castro dijo...

Hay muchos tipos de matrimonios, unos los que reconocemos en nuestra sociedad como "normales" y otros menos normales como son la "poliginia" (Un hombre es compartido por varias mujeres) o la "poliandría" (Una mujer es compartida por varios hombres).

Todas estas relaciones son sociales, y por tanto, son creadas por la propia sociedad a la que se pertenezca.

El que el hombre sea polígamo por naturaleza y no monogamo lo veo factible puesto que a todos los hombres (incluso los casados) nos gustan o mejor dicho, nos fijamos en otras mujeres a la cuales quizás se les piropea cortésmente.

Ello no indica que por eso no querramos o no amemos a la persona con la que compartimos nuestra vida.

Simplemente, creo que el hombre (en la sociedad actual), es monogamo por UNA NORMA SOCIAL.

No hay que olvidar que muchos hombres (por ejemplo en Marruecos) son polígamos, pero no sólo para mantener relaciones sexuales con las esposas, sino para llevar adelante otra familia, es decir, debe de mantenerlas y darles todo lo que necesiten...

En cuanto al amor, debo de decir que cuando amamos SIEMPRE nos fijamos en lo bello, sí, pero no del todo esa belleza física (que termina perdiendose) sino esa belleza interior, la riqueza que posea una persona en su interior tanto intelectualmente, como en forma de ser, etc...

No hay que olvidar por tanto que existen muchas clases de amor y que el amor (o sino que lo digan los matrimonios que llevan muchos años casados) se va transformando con el paso del tiempo.

El amor es algo creado socialmente, puesto que en otras culturas existen otras construcciones sociales diferentes que son sustitutas de este amor.

JUAN CABALLERO CASTRO.

Anónimo dijo...

Sara de Cabo Agustín.

Supongo que mientras hay enamoramiento hay monogamia. Cuando se intentan mantener las relaciones
sin haber enamoramiento van apareciendo más problemas.

Para amar a los demás hay que amarse primero a uno mismo.

Rémi Vandersmissen dijo...

Un replanteamiento total de nuestra sociedad y forma de vida: http://www.howworldcan.be