lunes, 10 de febrero de 2014

La realidad y las palabras




Imagen: Rogelio Naranjo, Franz Kafka

Les doy la bienvenida a este blog  que comenzó en 2007. A fuerza de solera quizá ya se repitan ideas alguna vez tocadas. El tema esta primera entrada es también muy antiguo...

Una nueva legislación facilitará la adopción de la nacionalidad española a los judíos sefadíes. Sobre su condición de judío decía Kafka:
 
 Ambos conocemos a cantidad de ejemplares típicos de judíos occidentales; de todos ellos yo soy, que yo sepa, el más típico; es decir, exagerando, que no tengo un segundo de paz, que nada se me da, que tengo que comprarlo todo, no sólo el presente y el futuro, también el pasado, esta cosa que se recibe gratuitamente en reparto. Yo también debo comprar eso, quizá sea la tarea más dura. Si la Tierra gira a la derecha -no sé si es así-, yo debo girar a la izquierda para atrapar mi pasado..
Todo ocurre más o menos para mí como para alguien que, cada vez que sale, no sólo debe lavarse, peinarse, etc. --cosa ya de por sí bastante fatigosa-- sino que también, careciendo de todo en cada ocasión, debe coserse el traje, fabricarse unos zapatos, confeccionarse un sobrero, etc. Naturalmente no todo le saldría bien, las cosas se limitarían a aguantar una o dos calles... Finalmente, en la calle del Hierro, tropezaría con una multitud entregada a la caza de judíos. F. Kafka, Carta a Milena
 
O también...
 
BOHEMIOS, s. m. pl. (Hist. mod.) es el nombre que se da a los vagabundos que se dedican profesionalmente a decir la buenaventura y leer las palmas de las manos. Tienen talento para el cante, la danza y el robo. Pasquier ha remontado sus orígenes hasta 1427. Habla de doce penitentes, que se convirtieron a la fe cristiana en el bajo Egipto, y que, expulsados de allí por los sarracenos, viajaron a Roma y se confesaron al Papa, quien les impuso como penitencia errar por el mundo durante siete años, sin dormir dos días en la misma cama. Entre ellos había un conde, un duque y diez caballeros, a los que acompañaron ciento veinte personas. Llegados a París, se alojaron en la Chapelle, adonde fue a verlos mucha gente. Lucían ajorcas de plata en las orejas y tenían los cabellos negros y rizados. Sus mujeres eran feas, ladronas y adivinaban el porvernir. El obispo de París ordenó que se evitara su trato y se excomulgara a quienes acudieran a consultarlos. Desde aquella época, el reino está infestado de vagabundos de la misma calaña.
Encyclopédie (1751)

1 comentario:

Abraham Martín Pérez dijo...

Hola a todos,

Estoy completamente de acuerdo con esta medida, pues, de este modo, pienso que los judíos conseguirán integrase de manera más fácil a nuestra tierra. Efectivamente, espero que con la nacionalidad española dejen de ser discriminados

En este sentido, no debemos olvidar que durante varios siglos la península estaba habitada en su totalidad por musulmanes y judíos. Por tanto, la inmensa mayoría de nosotros somos descendientes de ellos, como demuestran nuestro color de pelo y de ojo. Un ejemplo muy conocido es el del gran poeta cordobés Luis de Góngora, el cual fue acusado constantemente de tener ascendencia judía.

En definitiva, debemos ser más tolerantes con los inmigrantes, ya que la inmigración es un recurso utilizado también por los españoles y quien sabe si nos veremos obligados a emigrar de nuevo.

Un cordial saludo.

Abraham Martín Pérez. 2º Filología Hispánica