
Me resulta llamativo el interés que sigue suscitando en los medios de comunicación (autobuses incluidos) el asunto de la existencia de Dios. Me parecen enternecedoras muchas cartas de lectores publicadas en los periódicos, donde personas anónimas se esfuerzan por demostrar que sí, que Dios existe. Me parecen simpáticas, superficiales y pertinentes las contrarias profesiones de fe ateas. Personalmente me resultan irrelevantes, y las calificaría de extemporáneas sino fuera porque el mundo ha cambiado: la creencia en Dios, que nunca en Occidente se fue del todo, ha regresado impetuosa desde Oriente. Pues la población actual de Londres no está formada sólo por cristianos y ex-cristianos...
Según dice Álvaro Delgado Gal en el suplmento cultural del ABC del 31 de enero pasado, hay una invasión de títulos sobre las pruebas de la existencia de Dios. En contra de que Dios exista: el libro de R. Dawkins "The God Delusion", en la línea pro-darwiniana (este año es el bicentenario de Darwin). Por otro lado aportan pruebas de que Dios exista: J. C. Lennox, matemático de Oxford, en "Gods Undertaker", y otro oxoniense, éste filósofo, M. Dummett en "Thought and Reality".
En sus "Diálogos en el limbo", G. Santayana hace hablar así a Avicena: "¿Acaso no fui la exactitud misma en el cumplimiento de todo deber religioso? ¿Me permití alguna vez, so pretexto de ser filósofo, la menor licencia a menos que dispusiese de un texto que me justificase? [...] ¡Ah, si Alá pudiera alguna vez ser engañado yo ciertamente lo habría hecho! Mas el omnisciente escrutó el secreto de mi corazón y se percató de que yo no era creyente [... El Extranjero, otro personaje, le responde:] -- "¿No te sirve de algún consuelo considerar que si tú no fuiste capaz de engañar a Alá, tampoco Alá fue capaz de engañarte a ti?" -- "Parvo consuelo", responde Avicena.




